sábado, 14 de abril de 2018

Gochiso Perú (¡Go blogger, go blogger, go!)

¿Se acuerdan la última vez que escribí un post sobre un festival gastronómico? Yo tampoco, pero de vez en cuando hace bien salir de la zona de comodidad.

Vista del patio de comidas.
El año pasado recibí muy buenos comentarios sobre Gochiso Perú. La idea de un festival gastronómico nikkei es más que atractiva, basta recordar el éxito de aquellos celebrados durante la semana cultural de Japón, cuya acogida era tal, que algunos platos volaban antes del mediodía. Sí, hasta ahora no me recupero de no haber podido comprar yucamochi.

Con varios motivos para hacer a un lado mi habitual reticencia y recopilando toda la información posible (precio, horario, estacionamiento) decidí darme una vuelta por el festival de marras. No conocía el complejo Domos Art y tampoco suelo manejar por la zona, así que la aventura estaba asegurada. 

Zona de comidas.
Llego rápidamente al complejo, encuentro estacionamiento sin problemas (¡aleluya!) y camino hacia la entrada. Me entregan un mapa del evento en el que incluyen todos los restaurantes participantes así como los platos que ofrecen. Hay varios nombres que llaman mi atención y me alegro de haber participado de esta edición. Son cerca de 10 estaciones con diferentes estilos de comida que van desde el nikkei contemporáneo, pasando por huariques hasta llegar a los food trucks. ¿Ya ven? Hay para todos los gustos. 

Decido ir a la segura y empezar por las marcas ya conocidas. El sándwich de punta de costilla de Sushipop es un placer culposo. El corte es sabroso y está acompañado de verduras para darle un toque de frescura. Los springs rolls de arroz con pato me hacen arquear las cejas, es un bocadillo inesperado pero funciona y, mejor aún, con las salsitas que ponen de acompañamiento. Pruebo un taco ebi (langostinos) de Yume, pero no me va tan bien como el original de bonito. Resulta demasiado neutro para mi gusto.

Punta de costilla. Spring rolls de arroz con pato.
Pollito Bao. Karaage de pejerrey.
Sigue mi aventura por la estación de sándwiches y, ¡por fin! logro sacarme el clavo con los bocadillos de Bao. Pido uno de pollo crocante y descubro que guarda varios puntos de contacto con el sándwich de SushiPop: la proteína bien trabajada, verduras que aportan frescura y el pan como adecuado catalizador. El Kaarage de pejerrey de Ku Mar me deja buen sabor de boca por el correcto empanizado del pejerrey, más los wantanes de camote que acompañan el plato quedan blandos y sin gracia. No puedo cerrar el párrafo sin saludar la presencia de la señora Angélica Chinen, quien el año pasado recibió un premio de Summum como el mejor huarique del año 2017 con su propuesta de comida casera. Todo un lujo haber tenido la oportunidad de conversar con ella y me siento en deuda por no haber probado alguno de sus platos.

Para terminar no podía faltar algo dulce y obviamente que todos mis sentidos estaban concentrados en los mochis de Aimochi en nueve sabores distintos. Cada quien con su favorito pero no dejen de probar el de chocolate belga. Su yucamochi también estuvo espectacular, con una textura muy suave y el punto preciso de dulce. Ojo que también está Yogashi pero con tantos posts que les he dedicado sería redudante resaltar sus bondades.

En resumen, mi visita al Gochiso Perú me dejó con excelente sabor de boca y con muchas ganas de participar en la siguiente edición. Eso sí, es recomendable ir en grupo y así probar un poco de todo. No sean como yo, no se dejen llevar por la emoción y al final se darán cuenta que ya no les entra ni un Pocky. 

Gochiso Perú 2018 dura hasta el 15 de abril
Dónde: Complejo Domos Art de la Costa Verde, San Miguel.
Cuánto: S/.15.00 a través de Joinnus. Precios por plato S/.4.00 a S/.16.00
Estacionamiento: Amplio y vigilado.

miércoles, 11 de abril de 2018

Barra Khuda (De las fusiones y confusiones)

Vista del local
Visto que una buena recomendación me llevó a descubrir un restaurante tan especial como Tomodachi me quedó claro que mi obligación era regresar por La Victoria a investigar otros locales de la zona.

Hace un par de años fui invitado a almorzar en Barra Khuda de Miraflores y, si bien la experiencia fue muy satisfactoria, concluí que era necesario regresar en el corto plazo para investigar el resto de su carta. A pesar de estar ubicado en el distrito de Miraflores, mi habitual radio de acción, tengo que confesar que ya pasaron casi dos años y no moví un dedo para cumplir con ese objetivo. Pero como a mí me gustan las situaciones difíciles preferí dirigir mi atención hacia su local ubicado en La Victoria. Además de ampliar el radio de acción del blog, quería validar esa máxima de “el local original es mejor”. Apenas llego basta una rápida mirada para entender que no estoy en un restaurante sino en una barra, un formato que se ha vuelto muy común para mi gusto y donde la principal característica es una carta concisa y el uso de insumos sostenibles, aunque sacrificando la atención a la mesa y la comodidad del cliente. Valgan verdades cuando pienso en esos locales el común denominador es la invariable estructura de la carta que se ha convertido en un “copy-paste” de local a local. ¿Ya ven por qué no suelo frecuentarlas?

Felizmente en este local cumplen lo que pregonan en su nombre (cocina con libertad) y una rápida ojeada a la carta y me hace enarcar las cejas de puro optimismo. Sí, es lo que ofrece cualquier cevichería, pero cada plato ha sido reinventado con la inclusión inesperada de diversos ingredientes y, sí cumplen con lo que promocionan en su Facebook, un emplatado novedoso. Obviamente, eso entraña cierto nivel de riesgo como verán más adelante, pero se merecen un aplauso por intentar hacer algo distinto.

Ceviche de verano.
Causa con libertad.


Empieza mi jornada con un colorido ceviche de verano (S/.30.00). Hay que tener la mente abierta para disfrutar este cebiche en toda su extensión.  Para mí el pescado fresco tiene que ser protagonista de cualquier cebiche, pero aquí hay diferentes elementos que, si bien pueden distraer de la idea original, permiten entrar en un juego de sabores y texturas. Las rodajas de camote han sido convertidas en puré que, para  mi gusto, interfiere en la textura de la leche de tigre. Muy diferente es la presencia de un bombón frito de camote que aporta un interesante juego de temperaturas. El cushuro es un recurso ya conocido que me es indiferente pero el olluco sí me deja con un signo de interrogación en la cabeza. En la causa con libertad (S/.30.00) el tradicional plato criollo se reinventa con alegría y con precisión. La masa de papa tiene una sazón leve que juega en pared con los mariscos fritos y los diversos toppins (tomates cherry, chalaquita, mousse de palta). 

Tenía más expectativas con el pulpo saltado (S/.35.00) pero fallan en lo más obvio. Si en la carta dice wok, yo espero un toque ahumado pero este brilla por su ausencia en el plato. La textura del pulpo tampoco es correcta y la salsa oriental me recuerda a ese nefastamente popular "juguito de saltado", léase sabor a sillao puro y duro. Saludo la presencia de las papas nativas aunque presentarlas remojadas le quita todo lo crocante que promete la carta. Si bien las gyozas a lo macho (S/35.00) figuran en la parte de los fondos yo les sugiero que la pidan como una entrada para compartir. Funciona la pasta aunque el relleno tiene un sabor intenso que no guarda equilibrio con la salsa picante de mariscos que lleva encima. Ambos sabores se contraponen y la guerra de condimentos que se desata en el paladar no ayuda a disfrutar los demás platos.

Pulpo saltado. Arroz con mariscos.
Gyozas a lo macho. Jalea acevichada.
De los fondos empecé con lo que yo pensaba era lo más simple: el arroz con mariscos (S/.35.00) Asumo que la inclusión del chorizo amazónico se debe a un exceso de optimismo antes que de creatividad porque el condimento y la grasa del embutido terminan asumiendo el protagonismo del plato. Si a eso le agrego que los mariscos vienen en una sazón de anticucho entenderán que este plato no es para estómagos ligeros, salvo que lo coloquen en medio de la mesa para picar y nada más. No me queda claro porque si la propuesta del restaurante es usar mariscos frescos, por qué se esmeran en ahogar esos sabores bajo oleadas de condimentos. La jalea acevichada (S/.35.00) se reinventa en una especie de chicharrón mixto al presentar el filete de pescado en trozos, aunque me olvido de ese detalle al encontrar un preciso punto crujiente en la fritura. Se hace extrañar la tártara, reemplazada impunemente por una salsa acevichada (¿cuándo dejarán de usar el término de marras?), que no desentona. El único punto bajo es la excesiva cantidad de yuca y camote que sirven de base para los mariscos, que termina abrumando. 

Si van a Barra Khuda, deben tener en claro que no es la barra tradicional de "arma tu trío". Aquí cocinan con la sartén en la mano derecha y la creatividad en la izquierda. Que esto funcione ya depende de una ejecución precisa y la capacidad del cliente para pensar fuera de la caja. Esto último implica además ser tolerante con el irregular servicio a la mesa y el ambiente sencillo aunque no descuidado. La disposición de las mesas tiene dos sectores claramente definidos: en plena calle donde poco más y pueden interactuar con los vecinos y adentro, que en pleno verano equivale a asarse lentamente. Estos aspectos son inherentes a este tipo de propuestas y, si bien nunca serán mi primera opción , ya depende de cada uno poner en la balanza los pros y los contras antes de visitarlas. 


Barra Khuda queda en Juan Voto Bernales 340, La Victoria y San Martín , Miraflores.
Horario: Martes a domingo de 12.00 a 17.00
Precios: Entradas S/.30.00, fondos S/.35.00.
Teléfono: 363-3599
Estacionamiento: En plena calle y sin vigilancia. Mejor vayan en taxi.
Volvería: No, ya me saqué el clavo.

martes, 3 de abril de 2018

Nanka (De la indignación y otros demonios)

El plato de la polémica
Tal parece que últimamente las redes y los restaurantes no se llevan nada bien. No hay que navegar mucho en la red para encontrar ejemplos recientes: Carnal y la obra de Patricia Gygax, Madam Tusan y el aeropuerto mal preparado, Nanka y el lomo saltado sobrevaluado, Rosita Ríos y el aún más sobrevaluado huevo frito, Costanera y el impresionante ikezukuri. Con estas publicaciones apareció una ola de indignados gastronómicos que, no sólo llenaron la red de largas diatribas, también atacaron las páginas de los restaurantes a manera de linchamiento mediático. 

¿Habrá nacido sin querer una dictadura de las redes? Aunque pensándolo bien, la pregunta clave sería cuántos comentaristas sabían de la existencia del restaurante hasta que vieron en sus muros la foto viral. Digo yo, para criticar objetivamente al menos hay que tomarse el trabajo de visitar un restaurante y comprobar in situ la veracidad de la publicación. ¿O no?

Detalle del salón
Luego del alboroto generado por el lomo saltado sabía que más temprano que tarde debería probarlo para sacarme el clavo. Si bien conozco la propuesta de Nanka en La Molina, también quería aprovechar para conocer su nuevo local en San Isidro. Ventaja única, ya no tengo que subir el cerro Centinela. Desventajas varias, ahora sólo tengo que pelearme con el incomprensible sentido de las calles, la presencia de agentes de serenazgo y la infinidad de ciclovías que aparecen cuando uno menos lo espera. ¿Mejor imposible, no?

Entro al nuevo y flamante local de Nanka y me alegra ver que han mantenido el espíritu del restaurante. La decoración moderna, el huerto vertical, la iluminación natural y tampoco podían faltar los troncos de eucalipto. Reviso la carta y me encuentro con viejos conocidos: el arroz con pato acevichado, los bangers n' mash, la panceta... Algo empieza a molestarme, como si fuera una piedrecita en el zapato. Es casi un deja vú y me pregunto ¿en tantos años no han desarrollado nuevos platos?

Lomo saltado. Jugo de saltado.
Papas en triple cocción. Ajíes de la casa.
Empieza mi jornada con el plato que desató tremenda polémica en redes: el lomo saltado (S/.65.00). Que irónico, su mayor defecto es el tamaño de la porción. Los cubos de lomo son tan grandes que la cocción es imprecisa. Si a eso le agrego que la sazón y el ahumado del wok brillan por su ausencia, entonces ya podría empezar a indignarme. Ahora entiendo para que incluyen el "juguito de saltado", es un mero ardid para camuflar estos defectos. Me hace recordar a aquellos restaurantes que al momento de preparar el lomo agregan fondo de res o la "salsa especial del chef". Las papas triple cocción llegan resecas y tengo que recurrir a los ajíes de la casa para terminarlas. Vaya, todo lo que se puede averiguar cuando uno no se limita a rajar de una foto sino a vivir la experiencia tal cual. Cueste lo que cueste.

Chicharrón de panceta glaseada
¿Hay espacio para más? Sí, y esta vez prefiero no correr riesgos y ordenar el chicharrón de panceta glaseada. Es un plato que funciona por donde se lo mire. La carne del cerdo es suave y lleva el toque preciso de miel de chancaca para no empalagar. El puré de camote es el complemento ideal más son los encurtidos los que aportan un preciso toque de frescura al plato. Muy recomendable.

¿Hay espacio para postre? La torta de chocolate Nanka (S/.28.00) lleva capas de mousse, fudge y ganache de chocolate Amador bitter al 70% y es un candidato de fuerza para cualquier persona que desea armar una lista de favoritas. Antes pensaba que por el precio debía incluir una bola de helado de vainilla, pero ahora me conformo pidiendo un buen café americano. Como has cambiado blogger pelón.

Si nunca se animaron a visitar Nanka por la distancia, pues no dejen de aprovechar la oportunidad de visitar su nuevo local. Mi recomendación es que vayan por la especialidad de la casa: el arroz con pato acevichado en porción familiar. Algunas personas pueden considerar que la propuesta es sobrevalorada pero les recuerdo que por algo existen las leyes del mercado y, en todo caso, piensen en la inversión que han hecho para abrir tremendo local en una de las zonas más costosas de Lima. De mi parte ya tengo claro cuales son mis platos favoritos y no pienso investigar el resto de la carta. Zona de comodidad que le llaman.

Nanka queda en Manuel Bañón 260, San Isidro.
Horario: Lunes a sábado de 12.30 a 23.30. Domingos de 12.30 a 17.00
Teléfono: 467 -8417
Estacionamiento: En plena calle. Cuentan con valet parking.
Volvería: Cuando me antoje del arroz con pato acevichado.

jueves, 22 de febrero de 2018

La década prodigiosa

Tengo en mis manos una guía gastronómica editada por la revista Etiqueta Negra en el año 2008. Paso cuidadosamente cada página y encuentro locales que ya cerraron sus puertas, chefs que emigraron a otros lares y restaurantes que inexplicablemente aún siguen existiendo. Recuerdo que en aquellos tiempos lejanos me planteé el ambicioso objetivo visitar cada uno de los lugares reseñados en la guía de marras. Nunca lo hice, pero sin querer mi blog es ahora una referencia para todos aquellos que buscan un lugar para comer bien. Si alguien se toma el trabajo de revisar las publicaciones realizadas desde el inicio, contará más de 500 reseñas escritas de restaurantes de Lima, provincias y el extranjero. Como alguna vez me dijo una persona del medio: "tu blog es una mina de información gastrónomica"

Han pasado ya 10 años desde que tomé una cámara digital y empecé a recorrer Lima visitando restaurantes y tomando fotos de los platos que consumía. Algunos me gustaban, otros no, más nunca dejaba de contarlo porque sentía que de hacer lo contrario estaría faltando a la verdad. Esa ha sido la esencia de este blog y luego de tanto años no pienso cambiar. Me gusta contar mis experiencias y no me guardo nada por quedar bien con alguien o por tratar de ser políticamente correcto. En estas épocas cuando la crítica está proscrita y es calificada injustamente como falta de humildad, yo diría que es todo lo contrario. Mantener una posición objetiva ante la ola de agencias de medios, restauradores y terceros que sólo buscan difusión, léase publicidad, es todo un reto. Qué facil sería para mí negociar beneficios (léase vales para sorteos, canjes, etc.) con los restauradores colgándome en la cantidad de seguidores que tiene la página, más esa nunca será la manera en que funcione el blog. Yo sigo terco en esta lucha y considero que mientras más distante sea mi relación con los restauradores, más libre soy para escribir mis reseñas. Mi compromiso está, más bien, en mantener una actitud de aprendizaje constante para brindarles la información más completa y objetiva posible.

Quiero contarles que ha llegado el momento de hacer una pausa. Debo volver a los orígenes del blog cuando me tomaba un tiempo prudente para armar las reseñas y publicar un texto con tranquilidad sin caer víctima del inmediatismo que exigen las redes. Quizá me tome algunas semanas soñando en descansar o para afinar los textos de las publicaciones antiguas, pero seguro que estaré visitando locales en el corto plazo. Lo que sea, volveré más pronto de lo que imaginan.

Me debo a ustedes, queridos lectores, los que hacen el blog y aunque a veces no lo parezca tengo grabada cada una de sus recomendaciones, críticas y comentarios. Sin sus aportes yo no estaría aquí y tienen mi agradecimiento inmenso por acompañarme en esta aventura gastronómica.

Ahora sí. ¡A celebrar se ha dicho!

lunes, 19 de febrero de 2018

Ají 555 Real Thai Cuisine (La felicidad ja ja ja)

¿Será que me he tomado demasiado tiempo para visitar Ají 555? No lo creo. Si estos años han servido para que la propuesta madure, adquiera consistencia y, sobre todo, se mude a una zona más accesible para su público objetivo, entonces valió la pena esperar.

Marinado de langostino.  Ensalada de cerdo crujiente.
Alitas fritas. Pato a la parrilla.
Acá estoy frente a la puerta de Ají 555. El mural en la fachada es alegre e invita a conocer un nuevo mundo de sabores, aromas y texturas. La comida de Tailandia tiene ahora un competidor de cuidado en Lima y ya no se trata de definir quien cocina mejor, sino de quien es más apegado a las recetas tradicionales sin esquilmar al cliente reemplazando los insumos.

Abro la carta y me siento como niño en juguetería. ¡Todo es nuevo! Ningún plato, exceptuando a los archiconocidos pad thai y la ensalada de papaya verde, me da la más mínima idea de lo que podría ordenar. El mozo se toma el trabajo de explicarme los ingredientes, los niveles de picante y además de qué manera puedo personalizar el plato. Empiezo con un Gung Chae Nampla (S/.4.50 cada uno), variedad de tiradito donde la frescura del insumo se complementa con una salsa de sabores muy equilibrados. Sigo con unas Pik Gai Tod (S/.25.00), las clásicas alitas de pollo, que llegan tal cual debe ser, crujientes por fuera y jugosas por dentro. Ojo que se pueden ordenar en versión tradicional y también picante con sriracha. El Gai Pan Oy (S/.25.00) es un bocadillo de pollo molido que viene servido alrededor de una caña de azúcar. Ligero, sin sabores intensos, como para empezar a familiarizarse con la propuesta del restaurante. En el Ped Yang (S/36.00), pato a la parrilla, hay ejecución precisa en la cocción y además funciona muy bien como abreboca.

Ensalada de papaya verde. Ong choy crujiente.
Salteado de anacardo.Arrroz salteado con pato.
Visto que los platos calientes me alegran la noche hay que darle una oportunidad a las ensaladas. La archiconocida Som Tam Thai Gung Sod (S/.25.00), ensalada de papaya verde, resulta muy ácida para mi gusto. La he probado antes y me pregunto si me dieron una versión adaptada al gusto peruano o acá se les pasó la mano con el limón. Sigue el Yam Mu Grob (S/.30.00), cerdo crujiente con apio, inesperada combinación donde el sabor del cerdo se integra adecuadamente con la frescura de las verduras. Me sorprende el Yam Pak Bun Grob Tale (S/.32.00), una hoja empanizada de ong choy (variedad de espinaca), sobre la cual se sirve una ensalada de mariscos. No es fácil de servir porque se quiebra la menor movimiento pero eso quedará en segundo plano cuando la prueben. Tenía que haber un plato con nueces y el Pad Med Mamuang Gai (S/.35.00), salteado de anacardo con pollo, se convierte ya en uno de mis favoritos de la carta. Es un plato dulce con pollo, parecido al que sirven en los chifas, pero el crujiente del anacardo le otorga otra dimensión.

Arroz con piña. Arroz de 4 hierbas.
Fideo de arroz picante. Fideo de arroz dulce.
En cuanto a los arroces les recomiendo el Kao Pad Tom Yam Gai (S/.34.00), una revolución para quienes viven prendados de los arroces fritos orientales. Aquí el wok no es protagonista sino los insumos tradicionales pues el plato es aromático, sabroso y especiado y yo disfruto cada cucharada como si fuera la última de mi vida. Tranquilamente prescindiría de la proteína pero eso ya es cuestión de gustos. Sigue el Kao Pad Sapparod Gung (S/.37.00), arroz con piña, menos intenso que el anterior pero igual de sabroso. En el Kao Pad Ped (S/.23.00), arroz salteado, están todas las bondades de las anteriores preparaciones, más el pato no ha sido procesado correctamente y esa textura correosa le hace flaco favor al plato. Clarinazo de alerta para el equipo de cocina. 

No me iría sin probar los famosos Pad Thai Gung (S/.48.00), el plato más reseñado en la mayoría de restaurantes orientales que presumen de ofrecer gastronomía Thai. Aquí hay un sabor dulce que le otorga la salsa de tamarindo pero la idea es mezclarlos con el limón y la pimienta cayena que colocan al borde. Es que de eso se trata esta cocina, encontrar el balance entre todos esos sabores sin que ninguno le quite protagonismo al otro. Si desean algo más intenso, ordenen el Pad Ki Mao Gai (S/.28.00), la misma pasta pero en una deliciosa versión picante. Paso del Pla Pad Kuen Chai (S/.45.00), trozos de pescado frito con apio, porque se me antoja deslucido ante el exceso de cocción.
.
Sopa Tom Yam Namsai Gung (Tamaño personal). Pad Kra Pao.

La sopa Tom Yam Namsai Gung (S/.44.00), sopa de hierbas, hongos y mariscos, se merece un párrafo aparte. Si bien tiene una base de fondo concentrado esto queda en segundo plano ante la complejidad de sabores que se pueden encontrar: acidez, picante y amargo. Hay alegría en este plato, y si bien el verano no invita a tomar sopa, ustedes no se pueden ir del restaurante sin haberle dado una oportunidad. La última palabra se la lleva el Pad Kra Pao Gai (S/.35.00), el plato más popular de la comida callejera en Tailandia. Cualquiera me diría, "blogger, pero es arroz con huevo frito". Ilusos, este plato es más de lo que se ve a simple vista. El pollo molido con albahaca thai lleva un nivel de picante infernal que no los abandonará hasta que se hayan llevado apresuradamente una cucharada de arroz blanco a la boca. El mozo me mira divertido y me dice: "Por si acaso este es nivel uno, en Tailandia se come el cinco"

Arroz con mango. Marshmellow con helado.
Crepe con helado. Helado frito.
Luego de tremendo festín es difícil pensar en postre pero tal parece que en Ají 555 no se han guardado nada, ni siquiera en la parte más dulce de la carta. Sin desmedro de todo lo que pueden encontrar, las palmas se las lleva el Kao Niew Mamuang, arroz glutinoso con mango, postre típico de Tailandia. La textura es intrigante, más melosa que el shari de los makis y se integra muy bien con la frescura del mango. Vale la pena agregar que se elabora con arroz importado de Tailandia. El Crepe Ice Cream Mamuang (S/.35.00) es el postre ideal para el verano. Un crepe relleno de arroz glutinoso que se sirve con un helado artesanal de mango. Los Ice Cream Marshmellow (S/.29.00) son una agradable sorpresa, es un postre lúdico ideal para compartir entre amigos y cambiar el sabor de boca.  El Ice Cream Tod (S/.30.00), helado frito, se los dejo a ustedes de tarea. 

Fachada del local.
Ají 555 me deja excelente sabor de boca por la honestidad de su propuesta. No es fácil replicar los sabores de Tailandia, sabiendo que muchos de sus ingredientes principales escasean, pero han sabido solucionar el tema cultivando sus propias hierbas como el kaffir, la albahaca Thai y el galanga. Si tienen tiempo pidan que les enseñen el jardín de muestra que tienen.

El servicio es correcto aunque falta más soltura para guiar a los clientes inexpertos a través de la carta sin que llegue a parecer que se está leyendo un manual de instrucciones. Me gusta que haya flexibilidad en cuanto a personalizar el plato en caso uno sea vegano o tenga poca tolerancia al picante. El ambiente es amplio y cómodo, y lo más recomendable es ir en familia o con amigos, pues el tamaño de las porciones invitan a pedir varios platos y picar de cada uno. Con cuatro visitas a cuestas me siento satisfecho de haber conocido esta propuesta pero sé que aún falta ahondar en esa carta, así que me verán volver muy pronto. 

Ají555 Real Thai Cuisine queda en San Luis 2879, San Borja.
Horario: Martes a sábado de 13.00 a 15.30 y de 19.00 a 21.30. Domingos de 13.00 a 16.00
Precios: Entradas (S/.23.00 - S/.36.00). Fondos (S/.23.00 - S/.69.00) Postres (S/.30.00 - S/.35.00)
Teléfono: 677-1571
Estacionamiento: En la calle, con vigilancia.
Volvería: Sí.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Tomodachi Japanese Cuisine (Nuevos rumbos)

Empieza el año y el blogger por fin se anima a dejar el gazmoño triángulo San Borja-San Isidro-Miraflores. 

Fachada del local
Hace algunos meses la voz autorizada del blog me pasó un dato: "Renzo, tienes que ir a Tomodachi cuanto antes, es el mismo equipo que trabajaba en Ichiban. Lo que vas a comer ahí es la comida tradicional japonesa. ¡No se te vaya a ocurrir ordenar acevichado!" Confieso que tomé esta recomendación con escepticismo pero como en la oficina me dieron una semana libre aproveché para husmear por la zona y visitar el tan recomendado local. De más está decir que identifiqué otros restaurantes cercanos que reseñaré en el corto plazo.

Entro a Tomodachi y me saludan con el clásico "Irashai" (Bienvenido). No me siento impresionado, la decoración es minimalista y el salón se ve muy sencillo. Detalles más, deralles menos, yo sólo tengo ojos para la carta: piqueos, makis, platos frío y calientes. Vaya, por fin un restaurante que no ofrece acevichado o salsa de anguila extra y ni pensar en la infame barra libre. Creo que voy a llorar de la emoción. 

Maguro tataki. Spicy tuna.
Chawanmushi. Gyoza al vapor.
Empieza mi jornada con unas gyoza al vapor (S/.20.00) que me devuelven la fe en el mundo. Su textura y relleno de pollo y verduras no tienen nada que ver con esos bocadillos recalentados en microondas que sirven en la mayoría de restaurantes nikkei. El maguro tataki (S/.38.00) sigue la misma tendencia. Hay precisión en el corte y en el sellado pero más en la equilibrada salsa ponzu, el acompañamiento preciso para que uno pueda disfrutar el sabor del pescado en su máxima extensión. Sigo con un hosomaki de Spicy Tuna (S/25.00) donde el atún está sazonado con un picante muy sútil. Como verán la foto no es el roll tradicional, este lleva el alga por fuera, es más delgado y por lo tanto lleva un solo relleno. En cuanto al chawanmushi (S/.15.00) se los dejo de tarea a ustedes. Es una variedad de souffle con trozos de mariscos y hierbas que no les va a cambiar la vida, pero no es un plato fácil de encontrar y merece que le den una oportunidad.

Yakimeshi. Tonkotsu ramen.
Yasaitame. Yakiudon.
Es turno de los platos calientes y empezamos con un yakimeshi de mariscos (S/.30.00), que me deja buen sabor de boca porque al fin encuentro ese arroz de textura melosa con los mariscos al punto. Ya casi lo consideraba una leyenda urbana pero este sí que cumplió. El yasaitame de verduras y mariscos (S/.25.00) sobrepasa mis expectativas. No hay mucha ciencia en saltear verduras pero sí en conseguir el ahumado del wok y que los ingredientes no se pasen de cocción. El tonkotsu ramen (S/.28.00) justificaria un párrafo aparte pero mejor lo resumo en una línea. Junto a Tzuru y Cosme es uno de los tres mejores ramen que se pueden encontrar en el mercado. Paso de los yaki udon (S/.30.00), aún no termino de cogerle el gusto a la textura gruesa de estos fideos y también le faltó fuerza al ahumado. Considero que es más una cuestión de gusto adquirido antes que una falencia del plato. No hay postre para cerrar la jornada, pero sí unas rodajas de fruta para limpiar el paladar.

Detalle del salón
La experiencia en Tomodachi Japanese Cuisine fue más que satisfactoria. Ahora entiendo por qué me lo recomendaron tanto y se me hace necesario regresar en el corto plazo para seguir investigando esa carta. Algunas opciones podrian sonarles conocidas pero la gran diferencia está en la preparación al estilo tradicional. Punto a favor para la atención en mesa, los mozos son corteses y están preparados para absolver consultas. El local es pequeño, si van en grupos grandes les recomiendo hacer reserva o ir temprano. Ahora que estamos en verano les recomiendo llevar un Montes Cherub 2017, vino rosé que le irá muy bien a los diversos sabores que ofrecen. De mi parte ya tienen un nuevo cliente y sólo espero que cambie de estación para probar sus tres variedades de ramen. Me verán volver muy pronto.

Tomodachi Japanese Cuisine queda en Estebán Campodónico 223, La Victoria.
Horario: Martes a sábado 12.30 a 15.30 y de 19.00 a 22.30. Domingos de 12.30 a 16.00
Precios: 
Teléfono: 370 6119
Estacionamiento: En plena calle con vigilancia.
Volvería: Claro que sí.

domingo, 4 de febrero de 2018

¡Feliz día mamá!

Hoy es cumpleaños de mi madre, y nada mejor que dejar fluir al teclado para decir lo que siento por ella.

Querida mamá:

Hoy cumples un año más y yo sólo puedo agradecer a Dios que aún estás a mi lado. ¿Que palabras voy a dedicarte si tú fuiste la que me enseñó a hablar? ¿Qué platos te voy a preparar si todas las recetas del cuaderno casero son tuyas? Podría llevarte a mi restaurante favorito, que no es el tuyo, pero sabes que allí te harán sentir como una reina, que es lo mínimo que te mereces. Sí, yo sé que la cocina contemporánea es un terreno ignoto para ti, pero quién mejor que yo para guiarte y quien mejor que el chef para improvisar delante de sus fogones y prepararte algo especial.

Pero tú mereces ser festejada todo el día así que la pregunta de fondo es dónde iniciar nuestra jornada de celebración. Podemos comenzar el día con un buen desayuno, pero sabes que tu estricta dieta te ha alejado del café y mirarás con recelo mientras bebo una taza del invariable americano. Te invitaré a que pruebes un sorbo pero me lo devolverás con desagrado reclamando airadamente por qué no lleva azúcar. Vamos mamá, sabes que así debe tomarse el café, pero tú insistirás en que esas naderías quedan para los bloggers gastronómicos. Para comer me veré obligado a ordenar el tamal criollo que tanto disfrutas, pero que yo hubiera preferido omitir calculando las calorías que contiene. No importa, fingiré que me encanta, y también separaré la sarsa criolla para dejarte birlar un pedazo como quien no se da cuenta.

¿Qué le vamos a hacer mamá? Tu salud ya no es la de antes y no es fácil hacer concesiones. ¿Te acuerdas cuando de niño me prohibías tomar gaseosa y comer chocolate? Ahora, al mejor estilo de la familia Buendía, el mundo ha dado una vuelta completa y soy yo quien debe vigilar concienzudamente tu dieta. Si el plato tiene grasa, si lleva aderezo o si algún lácteo despistado ha logrado colarse en el plato. ¿No sería más fácil ir a un restaurante vegano? Quizá, pero ya sé que huyes del tofu como el diablo del agua bendita. Además, es tu cumpleaños y podemos tomarnos algunas licencias. Aunque no muchas.

¿Sabes que es lo más divertido mamá? Como a veces reniegas por dedicarle tanto tiempo  a este blog y, sin embargo, has olvidado que existe gracias a ti. ¿O ya olvidaste quién hace más de diez años me regaló una cámara digital? ¡Y el toque cáustico que a veces le imprimo a las reseñas es tuyo! Lo sé porque está comprobado que viene de familia materna. Así que, además de agradecerte por haberme traído a este mundo, también debo hacerlo por inconscientemente haber iniciado esta aventura.

Querida mamá, el tiempo está en contra nuestra y ambos lo sabemos.  Pero mientras sigas en este mundo yo estaré pendiente de ti ¿Acaso tú no vigilaste mis pasos cuando yo era niño? ¿Por qué yo no haría lo mismo ahora? No te diste cuenta, pero mientras decidías qué infusión acompañaría tu blindado clásico, yo estuve armando este post mentalmente. 

¿Podría regalarte algo mejor en tu día que unas palabras salidas de mi corazón? Lo dudo.

jueves, 1 de febrero de 2018

Una aventura miraflorina

Debo ser el único blogger que pide vacaciones exclusivamente para salir a comer. ¿Qué le vamos a hacer? El fin de semana se acorta entre las responsabilidades caseras y la programación de visitas.

A blogger que madruga...
Bendita sea la hora en que aparecieron las panaderías artesanales en Lima. 

Entro a Pan Atelier lleno de expectativa. Venir a Miraflores requiere un esfuerzo adicional entre el desorden del tránsito, la falta de estacionamiento y las miradas de odio de los ciclistas. Pero yo vengo decidido a empezar el día con pie derecho y a evaluar esta de panadería artesanal. 

El local es amplio e iluminado. En la entrada se ubica una vitrina con variedad de panes salados y dulces, al fondo un ambiente donde se elabora y hornea el pan. Tomo sitio y pido la carta. La variedad de sándwiches, desayunos y opciones saludables alcanzan para todos los gustos y los precios se ven manejables. 

Empieza mi flamante desayundo con un sándwich porchetta (S/.21.00). Novedad, nunca había probado este fiambre, un tipo de panceta horneada a la leña. Ese sabor ahumado se conjuga adecuadamente con las cebollas bebé encurtidas en frambuesa y la mostaza en grano. Sigo con un caprese (S/.16.00) el sándwich menos interesante que conozco. Felizmente a veces me equivoco en gran estilo porque aquí lo han reinventado, grillando el queso y aportando un twist de tomate seco y pesto que lo hacen más versátil. 

Caprese. Porchetta.
Apaltado. Croquete Madam.
Sigo con un croquete madam (S/.13.50). El croissant cumple en tamaño y sobre todo una masa crujiente y alveolada. El clásico relleno de jamón, queso y huevo frito a la inglesa no decepciona. Si bien en la carta la descripción incluye salsa mornay (bechamel con yema de huevo y queso) su aporte es mínimo, pareciera que la echaron con gotero. 

No hay ciencia con el apaltado (S/11.00) más si la nostalgia por revivir el desayuno que siempre consumía de niño, pero en una versión refinada. La clave está en el pan artesanal y una palta de buena calidad. Además en la mesa disponen de aceite de oliva Mestral para darle más sabor al sánwich. Eso sí, algo debe estar mal con su cronómetro porque el huevo de acompañamiento estaba poco menos que crudo. 

Pan Atelier me deja buen sabor de boca con su propuesta de panes artesanales. La atención a la mesa es correcta y el tiempo de espera razonable. La propuesta me deja con ganas de regresar en otra hora del día y evaluar otras opciones de carta. Esas pizzas y la bollería son una tarea pendiente que debo terminar cuanto antes. 

Pan Atelier queda en Cantuarias 167, Miraflores.
Volvería: Sí, falta evaluar más opciones.

Cuando menos es más
Me he demorado mucho tiempo en regresar a este local, tanto que hasta nueva carta encontré.

Detalle de la decoración. Buffalo PopCorn.
Carnívora. Baconator junior.
Estoy sentado muy cómodo en Tres Cuartos Burger Bar. La disposición de las mesas ha variado, la carta se ha reinventado con nuevo formato y trae nuevas opciones que justificaban mi pronto regreso. Aunque, para ser sincero la mayor motivación fueron las fotos que vi en el Instagram de Renato Peralta.

Empiezo con el Buffalo PopCorn (S/.18.00), los trozos de pollo crujientes que para mí son la estrella de este local. Sin embargo en esta versión el picante que promete la carta es demasiado sútil, casi imperceptible. Continuo con una Carnívora (S/.10.00), dos empanadas fritas y rellenas de una ambiciosa mezcla de carne picada, panceta y tocino ahumado con extra queso mozzarella. Todo un placer culposo. Ojo, se ven pequeñas pero el relleno es generoso, no se vayan a llenar rápido.

Antes de hablar de la hamburguesa vale la pena hacer una digresión. Sucede que con los años he cogido la manía de picar en lugar de comer. Entenderán porque elegí la Baconator (S/.19.00) en su versión slider de 100 gramos. La hamburguesa llega jugosa a la mesa, se deja apreciar el sabor de la carne y los toppings de chedar y tocino artesanal. El tamaño permite comerla rápido y no hay riesgo que se enfríe y pierda su integridad. Punto aparte para las papas crujientes que yo rocío feliz con las salsas artesanales de la casa.

Me voy de este local con ganas de regresar muy pronto. Su propuesta es concisa pero bien trabajada y cumple con mis expectativas. Eso sí, me voy picón por no haber probado sus postres. La próxima los ordeno para llevar y comer al costado con un excelente americano de Harry Neyra..

Tres Cuartos Burger Bar queda en Enrique Palacios 1072 , Miraflores.
Volvería: Sí, la carta no es amplia, pero las opciones son buenas.


El precio del helado
Si el lomo saltado de Nanka les pareció caro esperen a averiguar cuánto vale un cono de helado Haägen Dazs.

Aún puedo recordar la primeva vez que probé el helado de Haägen Dazs. En una época en la que la oferta de heladerías se reducía a 4D, Laritza D' y fue casi una epifania probar el verdadero sabor de la vainilla con sus puntitos y todo. No hubo marcha atrás.

El problema es que ya no soy el mismo blogger de antes y ahora qué estoy parado delante del stand de Häagen Dazs en Larcomar me pregunto si no se han demorado mucho en llegar a Lima. Los sabores disponibles son los mismos que pueden encontrarse en cualquier supermercado así que la clave está en ordenar una de las Creätions (S/.22.00) o jugar con los diferentes toppings (S/.3.00) como brownie, chocolate belga o coulis de fresa. Sólo para sacarme el clavo terminé ordenando un cono de dos sabores (S/16.00): cookies & cream y ron con pasas.

Como propuesta el stand de Häagen Dazs no trae mayor novedad que la variedad de toppins para adicionar al helado. Si antes no lo han probado quizá valga la pena satisfacer el antojo de probar una de las marcas más conocidas en el mundo, pero cuando pienso en la infinidad de heladerías artesanales que hay ahora en Lima, me pongo a pensar si vale la pena pagar tanto. Digo yo.

Häagen Dazs queda en C.C. Larcomar
Volvería: Sólo para sacarme el clavo con las copas.

miércoles, 24 de enero de 2018

The Observatory (Desayunando en las alturas)

Vista del malecón.
Dicen que el desayuno es la comida más importante del día. Si durante la semana uno tiene que estar corriendo por culpa del tráfico, nada mejor que sacarse el clavo los fines de semana visitando un desayuno buffet de hotel.

A principios del año pasado me puse la ambiciosa meta de evaluar nuevamente la propuesta matutina que ofrecen todos los hoteles cinco estrellas. Son una buena opción para celebrar ocasiones especiales porque no son muy concurridos, son relativamente económicos y lo mejor es que se puede disfrutar de la mejor atención que sólo un hotel puede brindar. La última parada de mi ruta fue The Observatory. Ubicado en el piso 11 del Belmond Miraflores Park Hotel es difícil que, literalmente hablando haya otro desayuno a su altura.

Estación de frutas.
Aunque suene exagerado nada me deja más satisfecho que visitar la estación de frutas. Un vaso de jugo surtido es la mejor manera de empezar el buffet porque refresca el paladar pero la clave está en toda la fruta trozada y picada que tengo a disposición para armar la mejor ensalada de frutas. Ya no tengo que perder tiempo procesándola y menos estar pensando en si el frutero de marras me vio la cara. La ventaja de este buffet es que no sólo disponen de miel y yogur sino también de diversidad de cereales (cañihua, quinua y kiwicha) para usarlas como topping.  Obvio que no podía faltar la chía, tan adorada por los deportistas, y los cereales de chocolate y colores para los niños. Ustedes sólo dejen volar su creatividad y diviértanse probando todas las combinaciones posibles.

Estación de fiambres.
Pero como no sólo de fruta el blogger debo continuar mi periplo por la estación de quesos y fiambres. Valoro que le den más prioridad a la calidad que a la variedad, pues a diferencia de otros buffets donde sólo ofrecen jamón inglés y queso fresco, aquí encuentro seis variedades de queso de cabra orgánico y una surtida bandeja de charcutería, donde destacan el salame y el jamón serrano. Es el momento de ordenar mi café americano.

Luego fuí por la estación de fiambres calientes donde encontré las opciones clásicas: tocino frito y salchichas para acompañar los huevos revueltos. Pero en este hotel no se han olvidado que los peruanos desayunamos en grande y también han incluido tamales y humitas así como chicharrón y camote (sólo los domingos). Probablemente en este punto los enemigos de las calorías estén sacando cuentas pero todo es cuestión de mesura y no servirse como si fuera el último desayuno de la vida.

Estación de panes.
No pierdan de vista la estación de huevos revueltos y omelettes. Son preparados al momento con el ingrediente de su elección y fritos en mantequilla. La cocinera fue muy amable, aceptó mis sugerencias y supo encontrar el punto adecuado de los omelettes: cocidos por fuera y jugosos por dentro. Aparte de eso también hay panqueques, waffles y tostadas francesa preparadas al momento aunque mejor se las dejo de tarea a ustedes. Imposible probar todas las opciones.

Para terminar el recorrido me despaché a mi gusto en la estación de panecillos dulces. Están los clásicos panes daneses con frutas y crema pastelera, pero ahora también ofrecen donas, bombas rellenas de crema y tartaletas de pera. El display se merece unas palabras, ordenado al estilo de una panadería tradicional y con las canastas como un toque lúdico.

Estación saludable.
Debería dedicarle unas palabras a la estación saludable pero no me considero un erudito en el tema. Suficiente con informarles que cuentan con opciones sin gluten y veganas, lo justo y necesario para cumplir y pero no para superar a la tremenda estación que tiene el hotel Westin. Considero que todo dependerá del tipo de clientela que lo frecuenta.

Quedé muy satisfecho con todo lo que consumí en The Observatory. El ambiente es bastante cómodo y relajado, la calidad de sus platos es muy buena y la vista de Miraflores desde el piso 11 es impresionante. El servicio fue impecable en todo momento. No sólo por la correcta atención del mozo quien estuvo pendiente de las necesidades de la mesa en todo momento sino también por el jefe de salón que se acercó a saludar y a preguntar si todo estaba bien. De mi parte no tengo nada que criticar y puedo afirmar que es mi favorito y ha dejado la valla bien alta para el resto de hoteles. 

The Observatory del Belmond Miraflores Park queda en Av. Malecón de la Reserva 1035, Miraflores.
El desayuno buffet está disponible de lunes a domingo de 6:30 a.m. a 10:30 a.m. 
Costo: S/.89.00 por persona
Teléfono 610-4000
Estacionamiento: Valet parking.
Volvería: Sí, es mi desayuno buffet favorito.